El 50° ENARM se aplica del 28 al 30 de septiembre; lo que la evidencia dice sobre esos días decisivos
Equipo editorial Edumind · Educación Médica
Son las once de la noche del sábado y Daniela tiene abierto el temario de nefrología por decimoquinta vez esta semana. Mañana temprano presenta el ENARM. Su cerebro le dice que un repaso más no hace daño; la neurociencia del aprendizaje le diría exactamente lo contrario. En las próximas horas, lo que Daniela decida hacer con su descanso, su alimentación y su ansiedad pesará tanto como los meses de estudio que la trajeron hasta aquí.
Esta semana, del 28 al 30 de septiembre, la Comisión Interinstitucional para la Formación de Recursos Humanos para la Salud (CIFRHS) aplica el 50° Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas en varias sedes del país. Miles de médicos y médicas llegan a la recta final. Y en la recta final, curiosamente, la mejor estrategia casi nunca es estudiar más.
El sueño no es tiempo perdido: es donde se guarda lo aprendido
La consolidación de la memoria ocurre mientras dormimos. Sacrificar horas de sueño la noche previa para memorizar datos nuevos suele salir caro: llega uno al examen con la información fresca menos accesible y con la atención, la velocidad de procesamiento y el control de impulsos mermados, justo las funciones que un examen de opción múltiple exige. Dos o tres noches de sueño razonable antes del día clave rinden más que una madrugada de repaso desesperado.
Regla de las 48 horas: en los dos días previos no se estudia material nuevo. Se repasa lo que ya se domina, se refuerza la confianza y se protege el sueño. Aprender un tema por primera vez la víspera casi siempre resta más de lo que suma.
Combustible, hidratación y una lección reciente
El cerebro consume una parte desproporcionada de la energía del cuerpo y funciona mal en ayuno o deshidratado. Conviene planear comidas ligeras y conocidas, evitar el exceso de cafeína que dispara la ansiedad y llevar agua. Para quienes viajan a una sede foránea, vale una advertencia oportuna a la luz de lo ocurrido este mismo mes en el Hospital General de México, donde un brote de salmonelosis enfermó a más de un centenar de médicos residentes por alimentos de un comedor: no es el fin de semana para experimentar con puestos desconocidos ni con mariscos dudosos. Una intoxicación alimentaria la noche antes del ENARM es un desastre perfectamente evitable.
Domar la ansiedad, no eliminarla
Cierto grado de activación mejora el rendimiento; el problema es cuando se desborda. Técnicas sencillas y respaldadas por evidencia ayudan a recuperar el control: la respiración en caja —inhalar cuatro segundos, sostener cuatro, exhalar cuatro, sostener cuatro— reduce la respuesta simpática en minutos. Reencuadrar las sensaciones («esto es mi cuerpo preparándose», no «me estoy colapsando») cambia la manera en que el estrés afecta el desempeño. Y evitar el ruido tóxico de los grupos de WhatsApp que multiplican el pánico colectivo antes de entrar.
El día del examen, la estrategia importa tanto como el conocimiento. Leer con calma cada reactivo, identificar la palabra clave que orienta la respuesta, marcar y saltar las preguntas que atoran para volver después, y resistir la tentación de cambiar respuestas por mera duda. Un dato incómodo pero liberador: nadie contesta todo con certeza. El objetivo no es la perfección, sino maximizar los aciertos posibles en el tiempo disponible.
Conviene también preparar lo logístico con antelación, porque la ansiedad se alimenta de los imprevistos. Tener a la mano la identificación y los documentos que solicita la convocatoria, confirmar la dirección exacta de la sede y el tiempo de traslado, prever el tránsito de un domingo, cargar el teléfono y llevar ropa cómoda por capas para adaptarse a un aula que puede estar demasiado fría o demasiado caliente. Son detalles menores que, resueltos la víspera, liberan energía mental para lo único que importará al día siguiente: pensar con claridad.
Tres errores clásicos del día del examen: quedarse atascado en una pregunta difícil, rumiar el reactivo anterior mientras avanza el reloj y cambiar respuestas correctas por ansiedad. Avanza, respira y confía en tu preparación.
Hay, por último, algo que conviene decir en voz alta. El ENARM abre puertas, pero no define el valor de nadie como médico ni como persona. Cada año, excelentes clínicos no obtienen el puntaje que esperaban a la primera, y encuentran caminos igualmente dignos hacia la medicina que sueñan. Presentarse ya es un logro que resume años de esfuerzo. Que el resultado no borre esa verdad.
A Daniela le diríamos que cierre el temario, que ponga la alarma con margen, que prepare su documentación desde hoy y que duerma. Que llegue a su sede con tiempo, sin prisas ni sustos de última hora. Y que recuerde, entre pregunta y pregunta, que del otro lado de este fin de semana la espera la carrera que eligió. Mucho éxito a todas y todos los que presentan.
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