El latido que casi nadie escuchó

Día Mundial del Corazón 2026 y por qué la campaña «Don't Miss a Beat» nos interpela a los clínicos

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El latido que casi nadie escuchó

Día Mundial del Corazón 2026 y por qué la campaña «Don't Miss a Beat» nos interpela a los clínicos

Equipo editorial Edumind · Cardiología y Medicina Interna

María llegó a urgencias tres días tarde. Tenía 54 años, diabetes de larga evolución y, desde el fin de semana, un cansancio raro que atribuyó al trabajo, junto con una molestia en la mandíbula que confundió con una muela. No hubo dolor opresivo en el pecho, no hubo brazo izquierdo entumecido, no hubo la escena que todos hemos visto en las películas. Cuando finalmente la trajeron, el electrocardiograma mostró un infarto que llevaba horas evolucionando. Su corazón había estado pidiendo ayuda con una voz que ella —y quizá también nosotros— no aprendimos a reconocer.

Historias como la de María son la razón por la que cada 29 de septiembre el mundo se pinta de rojo. El Día Mundial del Corazón, impulsado por la World Heart Federation, reúne este año a gobiernos, hospitales y sociedades científicas bajo el lema de acción «Use Heart for Action», que en 2026 llega acompañado por la campaña «Don't Miss a Beat»: no te pierdas un latido, no ignores las señales ocultas de la enfermedad cardiovascular.

La primera causa de muerte, y sin embargo la más silenciosa

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte en el planeta: se les atribuyen alrededor de 20 millones de defunciones cada año, más que cualquier cáncer, cualquier infección o cualquier accidente. En México el panorama no es distinto. Las enfermedades del corazón encabezan las estadísticas de mortalidad, con cerca de 190 mil muertes anuales según los registros del INEGI, y buena parte de ellas ocurre en personas que nunca supieron que estaban en riesgo o que llegaron demasiado tarde al hospital.

Dato clave: la enfermedad cardiovascular causa cerca de 20 millones de muertes al año en el mundo. En México, las enfermedades del corazón son la primera causa de muerte, con alrededor de 190 mil defunciones anuales (INEGI).

Lo que la campaña de este año subraya es que el infarto no siempre grita. En mujeres, en personas con diabetes y en adultos mayores, la presentación puede ser atípica: fatiga desproporcionada, disnea de esfuerzo, náusea, dolor en el epigastrio, en la mandíbula o entre los omóplatos. Son precisamente los pacientes en quienes más tememos las complicaciones y en quienes con más frecuencia el diagnóstico se retrasa. «Don't Miss a Beat» es, en el fondo, una invitación a afinar el oído clínico.

Lo que podemos hacer desde la consulta

Para el médico en formación y para el clínico con años de práctica, la efeméride es más que una fecha simbólica. Es un recordatorio de que la mayoría de los eventos cardiovasculares son prevenibles y de que la prevención empieza en encuentros breves y cotidianos: tomar la presión arterial en cada visita, preguntar por el tabaquismo sin juzgar, calcular el riesgo cardiovascular con las herramientas disponibles, revisar el perfil lipídico y la glucemia, e insistir —una y otra vez— en la actividad física y la alimentación. Ninguna de estas acciones es espectacular; todas salvan vidas.

También es una oportunidad para hablar de los factores de riesgo que ganan terreno en México: la obesidad, la diabetes tipo 2 cada vez más temprana, la hipertensión no diagnosticada y el sedentarismo. Un joven residente puede pensar que la cardiología es un asunto de especialistas; la verdad es que la batalla contra la enfermedad cardiovascular se libra sobre todo en el primer nivel de atención, en las consultas de medicina general y familiar donde se detecta —o se pierde— el riesgo años antes del evento.

Señales que no debemos descartar: fatiga inexplicable, disnea de esfuerzo, dolor mandibular o epigástrico, náusea y malestar difuso, sobre todo en mujeres, diabéticos y adultos mayores. La ausencia de dolor torácico clásico no excluye un síndrome coronario agudo.

Y hay una dimensión que solemos olvidar: nuestro propio corazón. El personal de salud no es inmune al estrés crónico, las guardias interminables, la comida rápida y el sueño insuficiente, todos ellos factores que erosionan la salud cardiovascular. Cuidar el corazón de nuestros pacientes pierde credibilidad si descuidamos el propio. Usar el corazón para actuar, como propone la campaña, empieza por casa.

Este 29 de septiembre, más allá de iluminar edificios de rojo, vale la pena convertir la efeméride en un gesto concreto: revisar la presión de un familiar, agendar el perfil metabólico pendiente, retomar la caminata que abandonamos. María sobrevivió, pero su historia pudo ser distinta si alguien hubiera escuchado antes ese latido que casi nadie oyó. Escuchar mejor, y a tiempo, es la tarea que nos deja el Día Mundial del Corazón.


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